

¡Jules, míranos bien!
“ (...) If it rains, a closed car at four/ and we shall play a game of chess,/ pressing lidless eyes and waiting for a knock upon the door”.
(“A game of chess”, The wasted land)[1]
Te invito a dar un paseo
con el rostro inmáculo y los dedos cruzados...
Sileno ha caído presa de Morfeo,
amante torpe e inconstante;
El más sádico voyeur adormecido
ante mi asombrosa incompetencia
de Mata- Hari... Madame Sosostris equivoca
el orden de su última tirada;
Yo lo asumo y la sigo... Me dejo morir
con su quietud de cómplice sin ánima
y Jules me mira como un niño perdido
que busca entre monstruos y hortalizas a su madre;
A Jim le bastan las cuencas, y, vestido de vacío,
trasnochado, se levanta sin dudas...
“¡Jules, míranos bien!...
No habrá otro ángel que nos asista”;
No imaginé peor muerte que ésta,
cercada por siluetas de éter y memoria
que nos dan la espalda, incapaz
de conmover a nadie en 35 milímetros;
“Sálvese quien pueda”... Olvidé
añadir “quien quiera”, en ese segundo
congelado, de montaña rusa, invadida
por un arrepentimiento quizá aprendido;
sin despedidas, en calma, volví a envainarme
en el Sena, esta vez tan resbaladiza
que nadie hubiera podido (ni querido) salvarme...
Jules tomará otra taza de te;
El líquido entre líquido se oculta y se diluye...
Solubles, los 3, nos adherimos
al paisaje... Sólo nosotros disfrutaremos
este amplio garaje de noche blindada;
El ladrón y el amante ya gozan de amplias vistas:
suelo de lodo, lluvia de sombreros y suicidas bajo custodia...
Hoy, triple salto mortal, y los guardianes también hundidos;
A falta de hoz y de ojos,
el paso firme y la prestancia natural anulan
toda la fuerza de Yago remordido y envenenado...
Desdemónico esperabas el final de este viaje;
Te dije “no hay riesgo de sed... El camino es breve
y el sin sentido voluntario y guiado”...
Por nuestro faro, luz que agoniza, bajo ella
se olvidan y se pervierten todas las cosas;
La paloma equívoca te invita a que te hagas el muerto
en esta piscina de alquitrán negro sobre azul... Evita
la risa más floja en los mofletes para que no te hundas;
Y no reclames si te pierdes otra vez...
Fue rápido por exigencia de tu calma, del aliento vampírico
que no leía el cristal duro de los tintados... Fue insulso, como nosotros;
Sé que no sólo los hay que son agua de pozo
aunque el fango los alumbre y una tormenta de arena
con vocación bautismal les borre para siempre la osadía;
Fulminados por el agua con olor a sangre sobre asfalto,
“hagamos un trato”[2] y cuenta hasta diez, hasta cinco,
pero para este morir sin morir no cuentes contigo;
Jules empieza a cansarse de esta farsa
mal escrita ( y peor interpretada), con verdad inverosímil...
Te mentiría si negara que ha soñado esto mil veces;
Lo ha hecho cerrando sus párpados de implante, ha recreado
otro abril sin mí sobre agua y tierra firme,
desde el verbo presa en alquitrán, sepulcral no nata;
Jules, como siempre al margen... Al abrigo
de tu subconsciencia, navegando
sin tu permiso en aguas internacionales... A voluntad
ignorado siempre por mí;
He sido la otra, incapaz de competir siquiera
con una fotocopia tuya, atormentada
en la sospecha de que otro cuerpo, más limpio,
respire bajo tu piel y ahora te sobreviva; A ciegas,
me sigues, y Jules te ve empequeñecer,
desgarrándose a corazón abierto...
Te hablo ahora, cadáver, te miento, Jim, a sabiendas
de que puedes, pudiste, vivir sin mí.
Ángela Jiménez



... por callejas con sinuosidad de serpiente acuática y la promesa de un pedazo de historia detrás de cada esquina, de un paraíso de flores ardidas, encerradas entre rejas... Vuelve abril, se enciende la mecha, la cuenta atrás hace temblar azulejos y fuentes... Una cuenta atrás envuelta en incienso, a golpe de tambores huecos, Córdoba se sublima para creyentes y no creyentes inundando las calles de magia e historia... Vuelve para mí con muchos sueños fraguados durante el largo y crudo invierno en forma de publicaciones, recitales y, quién sabe...
